10/6/19

Película: La ciudad al desnudo, Gabriel Retes



"La raza de bronce, hijos de la chingada". Es casi un epigrama de la mexicanidad. De esa identidad que sólo otro mexicano podría reconocer.
A primera impresión es una historia cotidiana, pero La ciudad al desnudo, de Gabriel Retes, es una trama que se mete en los tejidos nerviosos de la mítica, amada y odiada ciudad de México. Es la encarnación de eso que se nos cuenta que es: el caos citadino, del olor a smog, la gente malandra, sus barrios duros y su mala fama. La historia por momentos guiña un poco con La naranja mecánica porque sus personajes son la decadencia, no conocen el sentido común ni sienten compasión alguna. Han tocado fondo, y por eso mismo se dejan al abandono de sus más bajas pasiones, porque aparentemente ya no tienen nada qué perder. Y en efecto, nada tienen.
La historia empieza contando la precariedad de una pareja que de repente se ve obligada a abandonar lo poco que tiene y huir a la ciudad. Pero nada cambia, y al contrario, su miseria se acentúa más y deben separarse.
En contraste, un grupo de malandros, se la pasa distrayendo su miseria con excesos y delinquiendo para no morir de hambre, aunque a veces parece que sólo lo hacen para no morir de aburrimiento.
La pareja y los malandros terminan por coincidir, y de la forma más lamentable pues cada uno a su manera termina haciendo justicia por propia mano. Y así a cada quien le marcan el destino. Unos condenados al silencio perpetuo y otros en la incertidumbre de un futuro que está más arriba de esa ciudad, que vista desde atrás, parece completamente ajena.





Película: Heli, Amat Escalante

Vi por primera vez, una película de Amat Escalante: Heli.
Es sangrienta, violenta, desoladora. Vuela la cabeza.
La trama es delirante y cruda por el realismo tajante que en ella hay. Es México, es un retrato de lo que a diario llega a las redacciones periodísticas con todo y la foto sin censura. La historia arrastra a cada personaje a lo más corrosivo de su contexto y de sí mismo. A una especie de hendidura emocional que se va heredando y que a modo de ciclo se repite en el viejo esquema de la venganza, pero de una venganza que parece nueva porque el dolor nunca es igual.
Heli es un joven que vive en un aislado lugar de Guanajuato, con su padre, hermana menor, esposa y su pequeño hijo. Estela, su hermana, tiene un novio que está entrenando para las fuerzas federales y que, por ambición o carencia económica, desmantela el escondite secreto de sus superiores, llevándose la cocaína decomisada en los operativos y guardándola en la casa de Estela.
Por casualidad, Heli descubre el botín y, como algo cotidiano, toma los paquetes y se deshace de ellos, vaciándolos en algún lugar desolado en las cercanías del lugar.
Los policías cómplices no tardan en saberlo y van a casa de la familia de Heli para consumar la venganza. Una venganza que cobra varias vidas. No sin antes padecer la tortura de la narcoviolencia, narrada por cierto, sin censura alguna.
Porque al fin y al cabo, lo real siempre supera a la ficción. Pero esa parte no es la más dura de la película a pesar de su violencia. Lo más duro es el conformismo ante tal violencia: ese levantar de la cama en medio de un charco de sangre para saciar las necesidades elementales del humano o sólo para ver en el espejo el rostro de la incertidumbre.
Ese cruzar de brazos de quien está derrotado por haber nacido donde nació y que no por ello, habrá recompensa alguna.
Los personajes están libres de doctrinas que los hagan tener fe en el milagro. La única doctrina que impera es el poder y la ambición de humanos que no sienten, que no ven, que son autómatas dentro de un sistema en putrefacción, galardonado con insignias jerárquicas.
El lugar está muerto, las personas, la justicia.
Y no hay nada más. Y a juzgar por la coincidencia de tener esa vida que no eligieron, no habrá nada ni nadie que pueda sacar al doliente de su dolor. Ni al corrupto de su corrupción.



RECUERDOS DE MI INFANCIA


“Marinero congelado”, era el encabezado que exhibía una revista sensacionalista, lo leí cuando tenía entre 10 ó 12 años, no recuerdo, pero nunca olvidaré esa expresión en el rostro de este personaje cuya foto se muestra abajo. ¿Quién era, y por qué demonios me tuvo obsesionada tanto tiempo? No es relevante el hecho de haberme dejado impresionada, aunque su historia vale la pena ser leída... Quizá también se quede mucho tiempo incrustada en sus mentes.


Película: Nuestro tiempo, Carlos Reygadas

"El amor es dúctil. Y ante todo, imperfecto".
Es la segunda película de Reygadas que veo. No puedo decir que me encantó pero vaya que la trama tiene mucho de visceral. Por momentos se siente la influencia de Anticristo, de Lars Von Trier, tanto en la estética fotográfica como en la atmósfera narrativa, aunque mucho menos densa.
Reygadas hace analogía del amor con la furia de los toros. Lo intempestivo de la libertad como un camino a la traición y la soledad como un inmenso bosque nuboso donde la salida únicamente está permitida a aquellos que no tienen miedo de salir heridos, o en todo caso, morir en el intento.