Vi por primera vez, una película de Amat Escalante: Heli.
Es sangrienta, violenta, desoladora. Vuela la cabeza.
La trama es delirante y cruda por el realismo tajante que en ella hay. Es México, es un retrato de lo que a diario llega a las redacciones periodísticas con todo y la foto sin censura. La historia arrastra a cada personaje a lo más corrosivo de su contexto y de sí mismo. A una especie de hendidura emocional que se va heredando y que a modo de ciclo se repite en el viejo esquema de la venganza, pero de una venganza que parece nueva porque el dolor nunca es igual.
Es sangrienta, violenta, desoladora. Vuela la cabeza.
La trama es delirante y cruda por el realismo tajante que en ella hay. Es México, es un retrato de lo que a diario llega a las redacciones periodísticas con todo y la foto sin censura. La historia arrastra a cada personaje a lo más corrosivo de su contexto y de sí mismo. A una especie de hendidura emocional que se va heredando y que a modo de ciclo se repite en el viejo esquema de la venganza, pero de una venganza que parece nueva porque el dolor nunca es igual.
Heli es un joven que vive en un aislado lugar de Guanajuato, con su padre, hermana menor, esposa y su pequeño hijo. Estela, su hermana, tiene un novio que está entrenando para las fuerzas federales y que, por ambición o carencia económica, desmantela el escondite secreto de sus superiores, llevándose la cocaína decomisada en los operativos y guardándola en la casa de Estela.
Por casualidad, Heli descubre el botín y, como algo cotidiano, toma los paquetes y se deshace de ellos, vaciándolos en algún lugar desolado en las cercanías del lugar.
Los policías cómplices no tardan en saberlo y van a casa de la familia de Heli para consumar la venganza. Una venganza que cobra varias vidas. No sin antes padecer la tortura de la narcoviolencia, narrada por cierto, sin censura alguna.
Porque al fin y al cabo, lo real siempre supera a la ficción. Pero esa parte no es la más dura de la película a pesar de su violencia. Lo más duro es el conformismo ante tal violencia: ese levantar de la cama en medio de un charco de sangre para saciar las necesidades elementales del humano o sólo para ver en el espejo el rostro de la incertidumbre.
Ese cruzar de brazos de quien está derrotado por haber nacido donde nació y que no por ello, habrá recompensa alguna.
Los personajes están libres de doctrinas que los hagan tener fe en el milagro. La única doctrina que impera es el poder y la ambición de humanos que no sienten, que no ven, que son autómatas dentro de un sistema en putrefacción, galardonado con insignias jerárquicas.
El lugar está muerto, las personas, la justicia.
Y no hay nada más. Y a juzgar por la coincidencia de tener esa vida que no eligieron, no habrá nada ni nadie que pueda sacar al doliente de su dolor. Ni al corrupto de su corrupción.
Por casualidad, Heli descubre el botín y, como algo cotidiano, toma los paquetes y se deshace de ellos, vaciándolos en algún lugar desolado en las cercanías del lugar.
Los policías cómplices no tardan en saberlo y van a casa de la familia de Heli para consumar la venganza. Una venganza que cobra varias vidas. No sin antes padecer la tortura de la narcoviolencia, narrada por cierto, sin censura alguna.
Porque al fin y al cabo, lo real siempre supera a la ficción. Pero esa parte no es la más dura de la película a pesar de su violencia. Lo más duro es el conformismo ante tal violencia: ese levantar de la cama en medio de un charco de sangre para saciar las necesidades elementales del humano o sólo para ver en el espejo el rostro de la incertidumbre.
Ese cruzar de brazos de quien está derrotado por haber nacido donde nació y que no por ello, habrá recompensa alguna.
Los personajes están libres de doctrinas que los hagan tener fe en el milagro. La única doctrina que impera es el poder y la ambición de humanos que no sienten, que no ven, que son autómatas dentro de un sistema en putrefacción, galardonado con insignias jerárquicas.
El lugar está muerto, las personas, la justicia.
Y no hay nada más. Y a juzgar por la coincidencia de tener esa vida que no eligieron, no habrá nada ni nadie que pueda sacar al doliente de su dolor. Ni al corrupto de su corrupción.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario