"La raza de bronce, hijos de la chingada". Es casi un epigrama de la mexicanidad. De esa identidad que sólo otro mexicano podría reconocer.
A primera impresión es una historia cotidiana, pero La ciudad al desnudo, de Gabriel Retes, es una trama que se mete en los tejidos nerviosos de la mítica, amada y odiada ciudad de México. Es la encarnación de eso que se nos cuenta que es: el caos citadino, del olor a smog, la gente malandra, sus barrios duros y su mala fama. La historia por momentos guiña un poco con La naranja mecánica porque sus personajes son la decadencia, no conocen el sentido común ni sienten compasión alguna. Han tocado fondo, y por eso mismo se dejan al abandono de sus más bajas pasiones, porque aparentemente ya no tienen nada qué perder. Y en efecto, nada tienen.
La historia empieza contando la precariedad de una pareja que de repente se ve obligada a abandonar lo poco que tiene y huir a la ciudad. Pero nada cambia, y al contrario, su miseria se acentúa más y deben separarse.
En contraste, un grupo de malandros, se la pasa distrayendo su miseria con excesos y delinquiendo para no morir de hambre, aunque a veces parece que sólo lo hacen para no morir de aburrimiento.
La pareja y los malandros terminan por coincidir, y de la forma más lamentable pues cada uno a su manera termina haciendo justicia por propia mano. Y así a cada quien le marcan el destino. Unos condenados al silencio perpetuo y otros en la incertidumbre de un futuro que está más arriba de esa ciudad, que vista desde atrás, parece completamente ajena.
A primera impresión es una historia cotidiana, pero La ciudad al desnudo, de Gabriel Retes, es una trama que se mete en los tejidos nerviosos de la mítica, amada y odiada ciudad de México. Es la encarnación de eso que se nos cuenta que es: el caos citadino, del olor a smog, la gente malandra, sus barrios duros y su mala fama. La historia por momentos guiña un poco con La naranja mecánica porque sus personajes son la decadencia, no conocen el sentido común ni sienten compasión alguna. Han tocado fondo, y por eso mismo se dejan al abandono de sus más bajas pasiones, porque aparentemente ya no tienen nada qué perder. Y en efecto, nada tienen.
La historia empieza contando la precariedad de una pareja que de repente se ve obligada a abandonar lo poco que tiene y huir a la ciudad. Pero nada cambia, y al contrario, su miseria se acentúa más y deben separarse.
En contraste, un grupo de malandros, se la pasa distrayendo su miseria con excesos y delinquiendo para no morir de hambre, aunque a veces parece que sólo lo hacen para no morir de aburrimiento.
La pareja y los malandros terminan por coincidir, y de la forma más lamentable pues cada uno a su manera termina haciendo justicia por propia mano. Y así a cada quien le marcan el destino. Unos condenados al silencio perpetuo y otros en la incertidumbre de un futuro que está más arriba de esa ciudad, que vista desde atrás, parece completamente ajena.

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