Lo necesito.
Necesito gritarlo con la fuerza
de aquello que llaman espíritu.
Dejarlo que brote,
que arda,
que salga de mi cuerpo.
Que duela hasta que sienta
que me estalla el corazón.
Necesito extirparlo de raíz.
Paladearlo por última vez,
con las ansias en bruto.
Con la entrega y la conciencia
en total plenitud.
Hacer que beba del veneno
que me brota de la entrepierna.
Y después matarlo, desgarrarlo.
Extraer toda su sangre,
arrancar su piel.
Dejarlo vacío
igual que él me dejó a mí.
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