¡Que no!, la vida no es como en la literatura:
No hay ninguna vecina Tresvecesrubia a la que puedas darle hasta para llevar en tiempos de epidemia donde está prohibido hasta dar un beso (para variar), y luego sigan siendo tan amigos como siempre y se sigan viendo como si no hubiera pasado nada.
Ni puedes esperar mil años para vengarte de tu eterna pretendienta que rechazabas en su juventud pero terminas en su cama un instante previo a que entregue el equipo ya en fase insospechada de senectud.
O abandonar tu más grande sueño porque ahora tienes obesidad muy, muy mórbida y se te olvida tener una pizca de decencia para dejar de hablar con pura jerga y resultar cero interpretable.
Tampoco puedes aventarte infinitos viajes de LSD mientras pretendes hablar con Joan Miró ni tener la suerte de nacer un miércoles de ceniza en día de amplias cervezas ni llegar en un barquito pirata a un lugar donde todo se repite hasta el hartazgo porque lo único que queda es el rostro de tu ex el que se cree poeta, ese que te avergüenza porque sólo te publica memes y posts con fondo de corazones donde lo único que no tiene faltas ortográficas es el “te amo”.


