28/5/19
14/5/19
Mostrología, teratología y otras demencias en la obra artística de David Lynch
Hablar de David Lynch no es
fácil si tomamos en cuenta que su perspectiva artística tiende a ser multifacética
y compleja, pues está hecha a partir de la introspección del artista. Además de
que cuenta con una trayectoria que abarca un número incuantificable de obras
que van desde la cinematografía, pintura, fotografía, publicidad y producción musical.
Casi todas las obras con rasgos de lo que se acuña como lo lyncheano: mundos oníricos, deformidad, claroscurantismo.
David Lynch nació en Missoula,
el 20 de enero de 1946. Hizo su primer corto, Six men getting six, en 1966. Con este proyecto ganó un certamen
académico que le permitió llevar su segundo trabajo The Alphabet. En el año de 1970 se concentró por completo en el
cine y al siguiente año empezó a trabajar en su primer largometraje Eraserhead, del que se hablará mas
adelante. El mismo artista ha declarado que ha sido influenciado por artistas
de diversas artes como Stanley Kubrick en el cina, Franz Kafka en la escritura
y Francis Bacon en la pintura. Influencias que sin duda alguna han sido un
importante estímulo para su obra.
Sin embargo, hay un tema en el
que poco se ha ahondado, al menos no en sus estudios metafóricas, pues la
literalidad de la evidencia es muy obvia: sus monstruos.
Un monstruo es multiforme e
indefinido. La diversidad de sus definiciones ha sido de acuerdo a los
contextos en que se le ha dotado de significado. Esta palabra adquiere varios
sentidos, pues no es lo mismo hablar de un monstruo en un glosario de cine que
en medicina o en oceanología. Y esa maleabilidad con que se concibe, es lo que
da paso a la incertidumbre, en ello radica la temeridad que impone. A veces sí
pareciera que el monstruo se alimenta de nuestros miedos. En el libro
Monstruos y prodigios, se define a esta entidad como “una cosa que
aparece fuera del curso de la naturaleza”. (Paré, 1987) . Es decir, todo lo
que salga del parámetro natural puede considerarse un monstruo, sin tener en
cuenta en qué nivel se da dicha ruptura.
David Lynch tienen mérito en
esta parte, pues ha creado obras que sugieren una atmósfera compleja y macabra
que va de lo sutil a lo delirante: ha llevado a sus límites más explotables a
la monstruosidad. No sólo en lo que refiere a las entidades físicas, sino
también a las entidades subjetivas. En su cortometraje Rabbits, estrenada en al año 2002, resaltan dos monstruos. Por un
lado los protagonistas, que son una especie de conejos humanizados que hablan,
tienen una cotidianidad propia de humanos, tienen consciencia, tienen carácter.
Esta sería la parte literal, pero también hay otro ente monstruoso que sería la
propia atmósfera. Específicamente la sonora, pues hay una inquietante oscilación
entre el silencio intermitente, la música cuya planitud sonora roza lo grotesco,
los aplausos que de vez en cuando suenan a modo de un reality show. La trama, en apariencia, no tiene sentido pues los
diálogos tienden a la incoherencia. Es un cortometraje muy valorado entre los
seguidores y del cineasta, por su esteticidad en la fotografía y en la
originalidad del argumento.
Sin embargo, la capacidad para
crear monstruosidades, abarca también lo humano. Nos habla de la perversidad a
la que es capaz de llegar alguien y también de la identidad sometida a través
del miedo, de la fragilidad humana y la codependencia coexistente en el bajo
mundo de las drogas y el sexo. En Blue
velvet, del año 1986, se encuentran ambas formas humanas de comportamiento
a manera de supervivencia, vemos a un auténtico monstruo que rebasa con creces
el perfil proppiano del agresor que
obtienen algo a través “de la violencia, aprovechándose de una situación
difícil en que se encuentra la víctima”. (Propp, 1928) . El personaje de Frank
Booth, encarnado en la magistral interpretación del actor estadounidense Deniss
Hooper, es un hombre obsesivo, demente y cuyo perfil tiene arraigo a la
decadencia que sabremos cuando se nos presente la relación de sometimiento con su
amante a quien agrede y amenaza. El monstruo es la psique de este personaje que
está en constante lucha hasta consigo mismo.
Este filme adquirió críticas
favorables a través del gremio que lo nominó como mejor película y como mejor
guión en 1987.
Pero el monstruo que por
excelencia, es emblemático, sin duda es El
hombre elefante. Esta película es un canon de lo bizarro y lo estético, que
narra la vida de Jospeh Merrick, un hombre que existió y padeció el síndrome de
Proteus, una malformación congénita que consiste en el excesivo crecimiento de
piel y malformación de los huesos. El mérito de Lynch en esta historia real
llevada al cine, es el nivel conceptual y abstracción para su adaptación visual,
resultando estridente. Aunque las obviedades apunten a que Merrick es el
monstruo, en realidad el enfoque de monstruosidad recae en la sociedad que
vuelca su crueldad en este personaje, tal como pasa en la historia de Mary Shelley
y su Frankenstein.
En cambio, en Eraserhead la monstruosidad es literal.
Película del año 1978, narra un momento de la extraña relación entre el
protagonista Henry Spencer y la familia de su novia Mary X, cuando ésta lo
lleva a su casa para darle la noticia de que está embarazada. El hijo de ese matrimonio forzado, es una
criatura deforme que hace la vida de los personajes, un tormento. Un ser
teratológico en la estricta etimología de la palabra se concibe como un
anomalía, algo que rompe la organización (Mellado, 1855) , en cualquier
índole. La película no necesita ningún preámbulo, es tan directa e
indescifrable, podría ser que más allá de ser una obra artística, se trate de
una proyección intimista de la percepción del cineasta. Cabe resaltar que este
primer filme del cineasta, no fue bien aceptado. En 1977, la revista Variety expresó que era repugnante.
Por último se hará mención de
otra película emblemática y que quizá es la única que rompe un poco el estilo
del cineasta. Esta película, aunque tiende más a una trama más plana, no pierde
el estridentismo tan característico de Lynch. Mulholland drive, del año 2001,
narra la historia de una actriz que después de sufrir un accidente en su automóvil
se ve envuelta en una trama de misterio que oscila entre el sueño y la vigilia
pues ella no recuerda nada y a lo largo de la película se encontrará con
elementos que le darán pistas de quién es realmente. La protagonista, Laura, se
encontrará con su propia vida, que le parecerá tan delirante como
desconcertante. El suspenso en esta película es permanente de principio a fin y
a un ritmo que avanza sin miramiento alguno.
La
estética, la moda y la fotografía
David Lynch también ha
incursionado en el mundo de la fotografía y la pintura, siempre con su estilo
grotesco. Su obra se extiende al fetichismo, a la moda y al oscurantismo. Un poco
remite a la obra transgresora de Hans Bellmer, pues el no busca retratar la
literalidad estética sino la simbología inquietante del fetiche y la ambigüedad
del desnudo. Su obra más conocida Fetish,
fue hecha para la marca de ropa Christian Louboutin donde nos muestra el
fetiche por los pies, aprovechando el gusto por la zapatillas.
Otra faceta, es la de la música.
Cuenta con tres discografías BlueBOB, Crazy Clown Time y The Big Dream. Su
producción musical es tan extravagante como el resto de su obra, no hay un
género que lo defina y en su trabajo se nota una carga de eclecticismo que la
hace inclasificable.
Sin duda, el artista ha sido un
incansable explorador de todas las vertientes, acertando en cada representación
y siempre provocando una reacción. La obra de Lynch sigue vigente y
trascendiendo más allá de los límites perceptivos de quien es es testigo de su
magistral trabajo y quizá siga siendo uno de los artistas contemporáneos más
completos del gremio.
Bibliografía
1.
Mellado,
Franciso. (1855). Vol. 33. Diccionario Universal de Literatura, Ciencias, Artes,
Agricultura, Inudstria y Comercio. España: Classic reprints series.
2.
Paré,
Ambroise. (1987). Monstruos y prodigios. Francia: Siruela.
3.
Propp,
Vladimir. (1928). Morfología del cuento. Rusia: Editorial Fundamentos.
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