30/12/18

Cuento 2 en voz alta: La invasión










De repente sintió un picor cerca del lagrimal del ojo izquierdo. Se acercó al retrovisor de un automóvil que tenía cerca y se percató que no había ningún cuerpo extraño dentro, pero sí una coloración roja en las finas venas.

Lo talló con ímpetu al notar un leve cosquilleo en los bordes. Llegó agotado a casa, se puso la pijama y se fue a dormir sin dar un último vistazo. 

Pasaron un par de días y el ojo seguía irritado, sólo que ahora presentaba una hinchazón febril que lo hacía lagrimear. 
Alarmado por los síntomas, fue al oftalmólogo.
La exhaustiva revisión no arrojó información útil, así que sólo le recetaron gotas y descanso. 

Al transcurrir la semana completa, el ojo había cedido al medicamento. Tenía una apariencia ya saludable así que no le dio más importancia y regresó a trabajar. 

Estaba llegando a la redacción, cuando de repente un zumbido acompañado de un dolor insoportable le atacó en una periferia de la cabeza. Era un dolor hondo y muy intenso que lo dejó ciego momentáneamente.

Alguien escuchó los bramidos del pobre hombre que se retorcía con la cabeza entre las manos. Lo llevaron al hospital.

Después de unas horas de observación, el médico ordenó hacer una tomografía para descartar tumoración o alguna laceración cerebral.

Cuando los resultados estuvieron en manos del médico, éste no daba crédito a lo que veía.
En el cerebro del hombre estaban incubando miles de larvas.

Al analizar con más detenimiento se dio cuenta que el pútrido rastro de aquellos invertebrados iniciaba desde la cavidad lagrimal del ojo izquierdo, formando un viscoso camino con decenas de larvas que se retorcían espasmódicamente haciendo que el infeliz hombre convulsionara.

No había nada qué hacer, estaba invadido, así que sólo vieron al hombre descender en una dolorosa agonía.